🌾 Juan Pablo II: una esperanza que sigue sosteniendo en silencio
No todas las historias que cambian el corazón nacen de hechos ruidosos.
Algunas crecen despacio, en lo cotidiano, y dejan una huella profunda.
Una de ellas está íntimamente unida a Juan Pablo II, un pastor que enseñó al mundo a creer incluso en la fragilidad.
A comienzos de los años 2000, una religiosa francesa, sor Marie Simon-Pierre, recibió un diagnóstico difícil de aceptar: enfermedad de Parkinson. Los síntomas avanzaban con rapidez. Las manos temblaban, escribir se volvía casi imposible, el cansancio aumentaba. Para una mujer consagrada al servicio, era una prueba que tocaba el cuerpo y también el sentido de su vocación.
En ese mismo tiempo, Juan Pablo II vivía públicamente la misma enfermedad. Nunca la ocultó. Se mostró frágil, cansado, pero profundamente confiado en Dios. Sin grandes discursos, su forma de vivir el sufrimiento se convirtió en una predicación silenciosa, capaz de dar fuerza a muchos.
La comunidad religiosa de sor Marie comenzó a rezar, pidiendo su intercesión. No buscaban algo extraordinario, sino luz y fortaleza.
En la noche del 2 al 3 de junio de 2005 ocurrió lo inesperado: al despertar, el temblor había desaparecido. El dolor ya no estaba. Las manos estaban firmes.
Los exámenes médicos posteriores confirmaron una curación completa y duradera, sin explicación científica. Tras un largo y riguroso discernimiento, la Iglesia reconoció oficialmente esta curación como milagro atribuido a la intercesión de Juan Pablo II.
Sin embargo, el mensaje más profundo de esta historia va más allá del milagro.
Juan Pablo II nunca fue curado del Parkinson. Llevó su enfermedad hasta el final, con dignidad y fe. Y precisamente por eso su testimonio sigue hablando: Dios no promete una vida sin sufrimiento, sino una presencia que no abandona, incluso cuando el cuerpo se debilita.
Esta historia es un consuelo para quien sufre.
Una palabra para quien se siente limitado o cansado.
Un recordatorio de que ninguna vida pierde su valor en la fragilidad.
🌱 Porque cuando una vida se confía a Dios, incluso el dolor puede convertirse en esperanza.
Publicado por Luz de Maria en Facebook
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