"No hay caída que Dios no pueda convertir en impulso hacia la santidad".
- Padre Pio
Aroma de Luz...La Tierra Sonríe Floreciendo...
Miguel es el más grande de los ángeles.
Su nombre significa "¿Quién es igual a Dios?"
Debemos hacernos esta pregunta. Es una necesidad profunda del hombre ser como Dios. El hombre no quiere depender de Dios, quiere ser absoluto, quiere poder determinarse por sí mismo.
Pero cuanto más se esfuerza el hombre por ser como Dios, tanto más fracasa en su humanidad.
Se adora a sí mismo en lugar de Dios, se convierte en ídolo y criterio último.
Esta actitud es la causa de muchos sufrimientos en el mundo.
Muchos piensan que este peligro afectaría al máximo a las personas más poderosas, los soberanos. Pero todos corremos el peligro de querer ser iguales a Dios. Hay quien tiene la tentación de querer ser perfecto. Quisiera ser sin errores y piensa que es la voluntad de Dios. En realidad, su ambición lo empuja a esto.
Otro quiere poner sus criterios como absolutos, no quiere ser cuestionado por nadie. Quisiera hacer y no hacer lo que quiere, sin aceptar indicaciones de ningún tipo. [... ]
Un peligro es que nosotros mismos queremos ser como Dios.
El otro peligro es que adoramos ídolos en lugar de Dios.
En nuestra época estos ídolos son sobre todo el poder, el dinero, la sexualidad. Estos tres ámbitos tienen en sí mismos la característica de ponerse de manera absoluta y de determinar de manera total el pensamiento y la aspiración del hombre.
Miguel nos lanza la frase que no nos deja en paz: ¿Quién es igual a Dios?. Solo si adoramos a Dios, seremos verdaderamente personas, seremos capaces de vivir humanamente entre nosotros.
Nunca estamos libres del peligro de absolutizar algo que no tiene valor absoluto.
Siempre te haces esta pregunta: ¿Quién es igual a Dios?
Descubrirás entonces dónde corres el peligro de absolutizar lo que es humano, de ponerte en el mismo plano del esplendor divino, del poder divino, de querer ser igual a Dios. Es necesario que te acepte en tu limitación humana.
Siempre hazte esta pregunta: ¿Quién es igual a Dios?
Descubrirás entonces dónde corres el peligro de absolutizar lo que es humano, de ponerte en el mismo plano del esplendor divino, del poder divino, de querer ser igual a Dios. Es necesario que te aceptes en tu limitación humana.
Solo si conservas tus límites humanos, podrás acoger a Dios en ti y ser transparente para Su realidad.
(Anselm Grün)
Fuente: "Descubrir a los santos para nuestra vida" Anselm Grün,Queriniana Editrice, Brescia, 2004, pp. 183-186
Hoy el Evangelio trató sober el hombre rico y Lazaro, el mendigo a la puerta de su casa. Cuando Lazaro murió fue llegado al cielo por los angeles. En cambio, el hombre rico fue a un lugar de tormentos. El sacerdote visitante nos dijo que podemos aprender 5 pintos de este relato. El primero es el tratar de no cometer el pecado de indiferencia. Nos dice que el hombre rico no era malo, pero pasó su vida ignorando las necesidades de los pobres, de Lazaro. El segundo punto es encontrar a nuestros Lazaro. Ayudar a los más cercanos a nosotros. El tercer punto es administrar nuestro tesoro para poder ayudar a los demás. El cuarto es la suficiencia de Dios. Que nos dice que todo lo que tenemos es un don de Dios. Y quinto acercarnos a las escrituras para conocer de Jesús.
En los medios de comunicación sociales leí que hay algunas personas que no estan de acuerdo con la canonización de Carlo Acutis. Y en los comentarios leí a un señor que se quejaba de que Carlo Acutis murió de causas naturales y que usaba jeans y tenis. Me imagino que es alguien que no está familiarizado con el proceso de canonización de un santo. Según tengo entendido, lo primero es solicitar su causa de canonización. Después de una investigación se emite una orden para continuar con la investigación de la persona postulada y se nombra a la persona "siervo de Dios". Para ser santo se necesita comprobar que la persona vivió exemplarmente su fe católica y además se requieren dos milagros que haga el santo. Carlo Acutis nació en una familia de padres no practicantes, quienes al crecer su hijo y a muy temprana edad interesandose por la fe católica, esto obligó a la madre a estudiar teologia para poder responder a las preguntas de Carlo. Desde niño le tuvo un amor a la Eucaristía y pedía a su madre que lo llevara a la adoración del Santisimo. También hizo su primera comunión, me parece a los 7 años y desde entonces no falto un solo día a misa. Era tanto el amor y el fervor con el que hablaba del Santisimo, que su chofer Hindú se convirtió al catolicismo gracias a Carlo. Además tenía una gran compasión por los pobres desde niño y seguido ayudaba a los pobres de su comunidad. También rezaba el rosario diariamente y decía que la Virgen María era la única mujer en su vida. Fue un erudito de las computadoras, y a su corta edad empezó a estudiar libros de universidad de programación para hacer una página de internet que mostrara los milagros eucarisiticos de todo el mundo y asi acercar a más personas a Jesùs. Hizo varios viajes a los lugares de los milagros para tomar fotos y subirlos a su página. Solía decir que la Eucaristía era su autopista al cielo. A sus quince años enfermó gravemente y fue internado en el hospital, donde él pronosticó que no saldría vivo de allí. Lo diagnosticaron con leucemia fulminante. Ofreció su sufrimiento por el Papa y por la iglesia, para no ir al purgatorio. Antes de morir dijo que se sentía tranquilo porque no había utilizado ni un instante de su vida en hacer algo que desagradara a Dios. El día de su funeral la iglesia estaba llena de personas a las que ayudó, tanto que muchas se quedaron afuera. El primer milagro por el que lo beatificaron fue el de un niño en Brasil que sufría de un padecimiento del pancreas incurable., el niño estuvo frente a una reliquia de Carlo Acutis y le pidió ser curado y asi sucedió al instante. El segundo milagro por el que lo canonizaron fue la curación de una joven que habia sufrido una caida y me parece sufría de un anuerismo. Y es por eso que ahora San Carlo Acutis es santo. No es algo que se inventó la iglesia, fue Dios que en su infinita misericordia quizo darnos el ejemplo de Carlo para mostrarnos que los santos no son solo de ayer, que se puede ser santo en la cotidianidad, si pones a Dios como eje central en tu vida. San Carlo Acutis solía decir también que todos nacemos originales, pero muchos mueren como fotocopias. Asi que hay que ser fieles a nuestra persona y a Dios.
Vagando por ahí, un gran perro terminó en una habitación donde las paredes eran grandes espejos.
Así que de repente se vio rodeado de perros. Se enfureció, empezó a rechinar los dientes y a gruñir. Todos los perros de las paredes, por supuesto, hicieron lo mismo, descubriendo sus amenazantes colmillos.
El perro comenzó a girar sobre sí mismo para defenderse de los atacantes, luego ladrando rabiosamente se lanzó contra uno de sus presuntos asaltantes.
Terminó en el suelo aturdido y sangrando por el tremendo choque contra el espejo.
Si hubiera meneado amistosamente una sola vez, todos los perros de los espejos le habrían correspondido. Y habría sido un encuentro festivo.
don Bruno Ferrero da: A volte basta un raggio di sole, ed. Elledici
Así comienza el relato del testimonio del padre peregrino Funicelli, fraile capuchino que en el momento de la muerte del padre Pío estaba a su lado.
"Poco después de las 21 horas del 22 de septiembre de 1968, cuando el Padre Mariano se había alejado de la celda n. 4 y yo había entrado en ella, el Padre Pío me llamó por medio del intercomunicador a su habitación.
Solo me preguntó la hora marcada por el despertador colocado en su mesita de noche. De sus ojos enrojecidos sequé alguna pequeña lágrima y volví a la habitación n. 4 para ponerme en escucha junto al intercomunicador siempre encendido.
Padre Pío me llamó otra vez otras cinco o seis veces hasta la medianoche; y tenía siempre los ojos rojos de llanto, pero de un llanto dulce, sereno.
A medianoche como un niño asustado me suplicó: "Quédate conmigo, hijo mío"; y empezó a preguntarme con mucha frecuencia la hora. Me miraba con ojos llenos de súplica, estrechando fuertemente mis manos. Luego, como si se hubiera olvidado de la hora que me pedía una y otra vez, me preguntó: "Uagliò, a ditte a Messe? ". Respondí sonriendo: "Padre espiritual, es demasiado pronto ahora para la Misa". Y él replicó: "Bueno, esta mañana la dirás por mí". Y yo: "Pero cada mañana la digo según sus intenciones".
Posteriormente quiso confesarse y terminada su confesión sacramental dijo: "Hijo mío, si hoy el Señor me llama, pide perdón por mí a los hermanos de todas las molestias que he dado; y pide a los hermanos y a los hijos espirituales una oración por la alma mía ".
Le respondí: "Padre espiritual, estoy seguro de que el Señor lo hará vivir aún mucho tiempo, pero, si tuviera usted razón, puedo pedirle una última bendición para los hermanos, para los hijos espirituales y para sus enfermos ?".
Y él: "Sí que los bendigo a todos; más aún, pide al Superior que dé esta última bendición por mí". Finalmente me ha pedido que renueve el acto de la profesión religiosa.
Era la una cuando me dijo: "Escucha, hijo mío, aquí en la cama no respiro bien. Déjame levantarme. En la silla respiraré mejor". La una, las dos, las tres eran generalmente los horarios en que solía levantarse para prepararse a la santa Misa, y antes de sentarse en el sillón solía dar cuatro pasos por el pasillo. Aquella noche noté con mi gran asombro que caminaba recto y rápido como un joven, tanto que no había necesidad de sostenerlo. Llegado a la puerta de su celda dijo: "Vamos un poco sobre la terraza". Lo seguí teniéndole la mano bajo el brazo; él mismo encendió la luz y al llegar cerca del sillón se sentó y miró alrededor por la terraza curioseando: parecía que con los ojos buscaba algo. Después de cinco minutos quiso volver a la celda. Traté de levantarlo, pero me dijo: "No puedo". De hecho se hacía pesado. " Padre espiritual, no se preocupe", le dije animándolo y tomando inmediatamente la silla de ruedas que estaba a dos pasos. Por las axilas lo levanté de la butaca y lo puse a sentarse en la silla. Él mismo levantó los pies del suelo y los puso sobre el escalón. En la celda cuando lo tuve acostado en el sillón, me señaló con la mano izquierda y con la mirada la silla de ruedas me dijo: "Sácala fuera ".
De regreso a la celda, noté que el Padre comenzaba a ponerse pálido. En la frente tenía un sudor frío. Me asusté, sin embargo, cuando vi que sus labios empezaban a ponerse pálidos. Y repetía continuamente: "Jesús, María " con voz cada vez más débil. Me moví para ir a llamar a un hermano, pero él me detuvo diciendo: "No despertar a nadie". Yo partí igualmente y corriendo me había alejado unos pasos de su celda, cuando me llamó otra vez. Y yo pensando que no me llamaría para decirme lo mismo volví. Pero cuando oí repetir: "No despiertes a nadie", le respondí con un acto de súplica:" Padre espiritual, ahora déjame hacerlo."
Y de prisa me dirigí hacia la celda del padre Mariano, pero al ver abierta la puerta de fray Guglielmo entré, encendí la luz y lo sacudí: "Padre Pío, está enfermo". En un momento Guglielmo llegó a la celda del Padre y yo corrí a telefonear al doctor Sala. Este llegó después de diez minutos aproximadamente y en cuanto vio al Padre preparó inmediatamente lo necesario para darle una inyección. Cuando todo estuvo listo entre Guillermo y yo tratamos de levantarlo, pero al no poder hacerlo tuvimos que acostarlo en la cama: El médico hizo la inyección y luego nos ayudó a recostarlo en la silla, mientras el Padre repetía con voz cada vez más débil y con el movimiento de los labios cada vez más imperceptible: " Jesús, María ".
Entre tanto llamé al doctor Sala y empezaron a llegar Mario Pennelli, sobrino del padre Pio, el director sanitario de la Casa Alivio, el doctor Gusso, y el doctor Giovanni Scarale; mientras que me llamaron ya habían llegado el padre guardián, el padre Mariano y otros hermanos.
Mientras los médicos daban el oxígeno primero con la cánula y luego con la máscara, el padre Paolo da San Giovanni Rotondo administraba al Padre espiritual el Sacramento de los enfermos y los demás hermanos arrodillados a su alrededor rezaban.
A las 2:30 aproximadamente inclinó suavemente la cabeza sobre el pecho: había expirado."
Padre Pellegrino Funicelli, capuchino
San Giovanni Rotondo (Foggia)
Ayer el sacerdote nos explicó que Jesús no intento alabar al empleado desonesto por su depsonestidad, sino por su prudencia. Nos dijo que lo que el empleado hizo al perdonar parte de la deuda a los deudores de su amo fue reparar un poco del daño que habia hecho en su administración desonesta. Dice el evangelio también que usemos los bienes de la tierra para tener amigos que nos ayuden en el cielo. Es decir, que usemos nuestros dones para ayudar a los demás. Pues nos dijo el padre que las personas a las que ayudemos pedirán por nosotros a la hora de nuestra muerte. Por ahí escuché decir algo similar, que si rezamos por las almas del purgatorio y las ayudamos a llegar al cielo, ellas rezarán por nosotros a la hora de nuestra muerte.
Les dejo el relato del Evangelio del domingo:
Evangelio
Lucas 16, 1-13
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: ‘¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’.
Entonces el administrador se puso a pensar: ‘¿Que voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.
Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: ‘¿Cuánto le debes a mi amo?’ El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’. Luego preguntó al siguiente: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’ Éste respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’.
El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios, que los que pertenecen a la luz.
Y yo les digo: Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo.
El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?
No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero’’.