Señor Jesús, tú que te acercas a nosotros en medio de la tormenta, caminando sobre las aguas agitadas de nuestra vida, ven también hoy a mi barca zarandeada por el viento contrario. Cuando el miedo me haga dudar de tu presencia, cuando confunda tu cercanía con un fantasma, háblame como hablaste a tus discípulos: “Tranquilízate, no temas, soy yo.” Como Pedro, quiero salir de la barca y caminar hacia ti, pero reconozco mi poca fe: apenas siento la fuerza del viento, empiezo a hundirme.
Enséñame a no mirar la tormenta, sino a mantener los ojos fijos en ti. Y si llego a hundirme, que mi primer grito sea el suyo: “¡Sálvame, Señor!”
Sé que tú, sin reproche que hiera, sin tardanza, extiendes la mano y me sostienes. Que al final de esta travesía, también yo pueda postrarme y decir con el corazón: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.”
Amén.
.jpeg)